En la clínica actual la anorexia, la bulimia y la obesidad representan las formas de sufrimientos epidémicas que afectan directamente el vínculo del sujeto con la alimentación. Es por esta conflictiva relación con la comida que pueden ser definidas como patologías alimentarias. Sin embargo, en la obesidad encontramos algunas particularidades. Es una clínica que no se caracteriza, en términos epidemiológicos, como una patología de lo femenino, como sí es evidente en la gran mayoría de los casos de anorexia y la bulimia. A diferencia de estas patologías, en la obesidad no encontramos un padecimiento respecto de la confrontación contante y mortal con el ideal de belleza y delgadez. La imagen del cuerpo en la obesidad trae consecuencias y sufrimiento, afectando la relación del sujeto con su cuerpo y con el otro. Pero es el cuerpo pulsional, cuerpo atravesado por el goce, el que ocupa toda la escena. Hemos observado en muchos casos de pacientes obesos que buscan en la intervención quirúrgica de reducción del estómago un intento de poder poner un límite orgánico a su alimentación voraz. En este punto el sufrimiento subjetivo de los pacientes obesos, estaría más ligado a la dependencia mortífera con el alimento, que a perder peso para satisfacer el ideal tiránico de delgadez
Respecto de la conducta alimentaria observamos algunas similitudes y diferencias en esta clínica actual. En los casos de anorexia ubicamos un enfático rechazo del alimento. Mientras que en la obesidad y la bulimia una devoraciòn voraz del alimento. Aunque, en la bulimia, esa devoraciòn está asociada al rechazo (conducta compensatoria) y la clínica de la obesidad se caracteriza por la imposibilidad del rechazo.
Otro dato clínico para destacar en estos trastornos de la alimentación, es la edad donde suelen presentarse estas patologías. La obesidad tiende a afectar a la infancia, prolongándose eventualmente en la vida adulta. Los síntomas vinculados a la alimentación como bulimias, anorexias y sobreingestas impulsivas suelen aparecer en la adolescencia, como efecto de las fallas en la tramitación de la pubertad. Claramente la tramitación de las exigencias emocionales juegan un rol fundamental en estos trastornos. Justamente en la obesidad, lo que se observa es una dificultad en la elaboración de las emociones. Dificultad que muchas veces se expresa en los problemas que tienen los obesos para poder diferenciar los estados de hambre de otras emociones (angustia, tristeza, ira, alegría, etc.)
A partir estas observaciones clínicas proponemos pensar el campo de aplicación del psicoanálisis, para los sujetos que padecen de trastornos alimentarios. Como psicoanalistas poder intervenir con estrategias pertinentes en estas problemáticas de difícil acceso a la palabra. Problemáticas vincularlas con la falta de inscripción de sucesos traumáticos, duelos no elaboraros y con la satisfacción pulsional inmediata.
Lic: María Fernanda Fioranelli
